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El cementerio de Greyfriars de Edimburgo

Cementerio de Greyfriars

He visitado en numerosas ocasiones el cementerio de Greyfriars. Para mi gusto se trata de un lugar agradable, y no pierdo la ocasión de dar un paseo por su interior cada vez que se me presenta la ocasión. Para lo que estamos acostumbrados los españoles, esto puede sonar un poco macabro, pero es que si haces turismo por Escocia te darás cuenta de que aquí los cementerios se ven de otra forma. Sencillamente son parques y lugares de paseo, y es perfectamente normal ver a personas que pasan la tarde en ellos leyendo un libro o que les gusta almorzar sus sándwiches rodeados de paz.

El cementerio del que voy a hablar en este escrito es posiblemente el más famoso de Edimburgo, y esto quizás sea en parte debido a la bonita historia que lleva asociada, la del perrito Bobby, que contaré en detalle un poco más adelante. Pero la verdad es que este lugar encierra un monton de historia, y de historias.

Entrada al cementerio de Greyfriars en Edimburgo

Se encuentra muy cerca de la célebre Royal Mile, a escasos cinco minutos andando. Si uno se sitúa en la famosa taberna de Deacon Brodie y se dirige hacia el cementerio por George IV Bridge, se encontrará a su izquierda con el imponente edificio de la Biblioteca Nacional de Escocia, un poco más adelante tendrá la oportunidad de contemplar el único arco visible de los diecinueve construidos de South Bridge, y finalmente el muy recomendable Museo Nacional de Escocia. A su derecha son reseñables Victoria Street, una de las calles que me parecen más bonitas de Edimburgo, llena de curiosas tiendecitas, y que desemboca en Grassmarket; siguiendo se encuentra The Elephant House, cafetería famosa por un hecho que contaré más adelante, y a la altura del Museo Nacional nos encontraremos con la estatua del perrito Bobby, señal de que tenemos la entrada del cementerio a pocos metros.

Cafetería de Harry Potter en Edimburgo

Lo primero que vamos a encontrar tras entrar es una lápida que seguramente en esos mismos instantes esté siendo observada por varias personas, debido a que debe ser la más famosa del cementerio. Su epitafio reza “Let his loyalty & devotion be a lesson to us all”, que si no estoy equivocado quiere decir “Que su lealtad y devoción sea una lección para todos nosotros”. A los pies de dicha lápida estoy seguro de que habrá unos cuantos palos y piedras, y es posible que algunas flores y monedas. Está claro que estoy hablando de la lápida de Greyfriars Bobby, el perrito al que me refería anteriormente. Por cierto que no lo he llegado a ver, pero me han contado que se ha puesto de moda dejarle billetes de avión, en la esperanza de que su espíritu pueda viajar por el mundo para transmitir esa lealtad y devoción.

Tumba del perrito Bobby en EdimburgoTumba del perrito Bobby con palitos

 

 

 

 

 

Su historia es muy bonita y el epitafio de su lápida, erigida por la Dog Aid Society of Scotland en 1981, muy apropiado. Su dueño fue John Gray, que en 1856 consiguió un empleo como vigilante nocturno en Edimburgo y que, al sentirse demasiado solo en sus patrullas, adquirió un Skye Terrier para que le hiciera compañía. Fueron inseparables durante casi dos años, hasta que en 1858 Grey falleció de tuberculosis. Fue enterrado en el cementerio de Greyfriars y Bobby pasó desde entonces el resto de su vida sentado en la tumba de su dueño y amigo, hasta que llegó el momento de su muerte, el 14 de enero de 1872. Su historia se hizo muy famosa a nivel local, y los habitantes de Edimburgo le llevaron comida a lo largo de estos años. Anecdótico es que durante este periodo, el ayuntamiento de Edimburgo promulgó una ley que obligaba a registrar a todos los perros, debido al creciente número de animales vagabundos que existía. Fue Sir Williams Chambers, Lord Provost de Edimburgo, quien decidió pagar la licencia de Bobby y le hizo una placa de bronce con la leyenda “Greyfriars Bobby from the Lord Provost – 1867 – licensed” y que actualmente se exhibe en el Museo Nacional de Escocia.

Tumba del dueño del perrito Bobby

A la muerte de Bobby hubo un clamor popular para que fuese enterrado al lado de la sepultura de su dueño, John Gray, que es donde pasó la mayor parte de su vida. Sin embargo, al ser esto tierra consagrada y por tanto no estar permitido el entierro de animales, el ayuntamiento consintió en enterrar a Bobby a la entrada del cementerio, en realidad a pocos metros de la tumba de su dueño pero fuera de la tierra consagrada. Hoy en día la entrada del cementerio se ha movido algunos metros hacia atrás, así que si visitas este lugar te dará la sensación, como a mí, de que la tumba de Bobby se encuentra en el recinto.

Muy poco después de la muerte de Bobby, en el mismo año 1872, la baronesa Burdett-Coutts encargó al escultor William Brodie una estatua de él a tamaño real. Como decía antes, esta estatua se encuentra a pocos metros de la entrada del cementerio, y se trata de la escultura más pequeña de Edimburgo. Una divertida anécdota es que originalmente dicha estatua se encontraba mirando al cementerio y por tanto al “Greyfriars Bobby’s Bar”, establecimiento que se encuentra justo al lado de la puerta. Fue un antiguo dueño quien, harto de que los turistas se sacasen fotos junto a la estatua y por tanto de espaldas a su bar, le dio la vuelta a la escultura para que a partir de entonces en todas sus fotos apareciera de fondo su establecimiento.

Estatua y Bar Bobby en EdimburgoEstatua del perrito Bobby, Edimburgo

 

 

 

 

 

La historia del perrito Bobby ha sido fuente de numerosas adaptaciones a la literatura y al cine. Por citar las dos películas más conocidas, éstas son Greyfriars Bobby: The True Story of a Dog, largometraje de Walt Disney de 1961; y The Adventures of Greyfriars Bobby, del año 2006.

Justo detrás de la lápida de Bobby nos encontramos con un edificio que la primera vez que lo vi me recordó a una enorme capilla. No andaba muy desencaminado porque se trata una parroquia conocida como la Greyfriars Kirk o Iglesia de las Tierras Altas. Estoy hablando de uno de los edificios más antiguos conservados fuera del casco histórico de Edimburgo, y es que su construcción se inició en 1602 y se completó en 1620. Se trata de un edificio muy importante en la historia de los Covenanters. Éste fue un grupo de integrantes de un movimiento religioso nacido en el seno del presbiterianismo escocés. A grandes rasgos pretendían mantener la doctrina presbiteriana como única forma de religión del país. Pues bien, en 1638 se firmaron aquí las actas de la Alianza Nacional de Covenanters. En 1679, unos 1200 de estos presbiterianos fueron encerrados a pocos metros de la iglesia a la espera de un juicio.

Iglesia Greyfriars

Hoy en día este edificio se sigue utilizando como iglesia, y es posible asistir a misa los domingos en inglés y en gaélico escocés, siendo la única congregación al este de Escocia en donde existen servicios regulares en este idioma.

Siempre me llama la atención cuando paseo por este lugar la gran cantidad de tumbas y lápidas que tienen esculpida una calavera cruzada con dos huesos, al más puro estilo pirata. La explicación a esto, más allá de historias marinas, es más mundana. Edimburgo ha sido una de las ciudades más azotadas por la peste a lo largo de su historia pero a la vez, debido en buena parte a la influencia del presbiterianismo, que proclama que para hablar con Dios no es necesaria más que una Biblia (lo que impulsó el alto número de niños alfabetizados), ha sido también una de las ciudades donde la investigación en múltiples facetas de las artes se ha desarrollado con más precocidad. Era muy frecuente el robo de cadáveres recién enterrados para posteriormente venderlos a médicos de la ciudad para así poder estudiar la anatomía y algunas enfermedades. Pues bien, para evitar estos robos, y debido a la creencia de por entonces de que la peste se transmitía con extrema celeridad por la simple presencia ante un afectado, los familiares de fallecidos por esta enfermedad los enterraban con estas advertencias para que los ladrones de cadáveres se abstuviesen de robar ése en concreto. De hecho, en algunas ocasiones las calaveras se esculpían en lápidas de fallecidos por otras causas, en un intento de engañar a los saqueadores. Era también frecuente que los familiares que no disponían de recursos para tales advertencias pasaran varias noches en el cementerio a la luz de una vela, lo suficiente para que el cadáver se descompusiera y ya no sirviera para la medicina, para así evitar que los ladrones se acercaran a robar el cuerpo en cuestión.

Cementerio de Greyfriars

Numerosos robos en este cementerio los perpetraron los ladrones de cadáveres más famosos de Edimburgo, Burke y Hare. Yo diría que es casi imposible hacer turismo por Escocia y no escuchar estos nombres en algún momento. En mi artículo de los fantasmas de Edimburgo puedes encontrar en detalle su historia, pero sí que me gustaría añadir como anécdota curiosa que, tras asesinar a diecisiete personas en menos de un año, fueron capturados y juzgados. Por el testimonio de William Hare, su compañero William Burke fue ahorcado en 1829, y su cuerpo sirvió para lo mismo que servían los cadáveres de las personas que asesinaron: fue diseccionado públicamente en la Facultad de Medicina de Edimburgo, lugar donde se encuentran a día de hoy su esqueleto y algunos objetos que fueron hechos con su piel.

Una de mis zonas favoritas del cementerio de Greyfriars se encuentra en el extremo oeste. Aquí se encuentra una verja cerrada desde la que se puede admirar uno de los colegios más imponentes de Edimburgo, el George Heriot’s School. Parece ser que la autora del archiconocido Harry Potter, J. K. Rowling, se basó en este edificio para crear la Escuela Hogwarts de Magia y Hechicería, que cualquiera que haya leído los libros o visto las películas conocerá. Y es que ha sido reconocido por la escritora que a menudo acudía a la cafetería The Elephant House, que mencionaba al principio del escrito, para escribir partes del primer libro de la saga. En efecto, en una ocasión he tomado un café junto con mi mujer en este lugar y desde sus ventanas se puede contemplar perfectamente el cementerio y la escuela. Existe un gran cartel en la entrada de este establecimiento que reza “Birthplace of Harry Potter” (lugar de nacimiento de Harry Potter), aunque esto no es estrictamente cierto ya que Rowling escribía en varias cafeterías de Edimburgo.

El George Heriot’s School es uno de los colegios con mejores resultados académicos del Reino Unido, aunque también resulta bastante caro, ya que aunque depende de los estudios cursados, la matrícula puede rondar las 10.000 libras. Acoge a niños de 3 a 18 años, pudiéndose cursar incluso carreras universitarias. Pero lo que a mí me parece más curioso de este lugar es que, al igual que en los libros de Harry Potter, los alumnos se dividen en este colegio en cuatro Casas que compiten entre sí a lo largo del año, y que en este caso son: Lauriston, Greyfriars, Raeburn, y Castle. En una de las ocasiones en las que he visitado el cementerio tuve la suerte de ver a los alumnos, ya que supongo que estarían en el recreo, y me resultó de lo más llamativo: se puede ver a los estudiantes perfectamente uniformados, cada uno con los colores de su Casa en bufandas y corbatas. Parecía que me había trasladado al Colegio Hogwarts y al mundo de Harry Potter.

Colegio de Harry Potter en Edimburgo

Para los amantes de estos libros y películas, el cementerio encierra otras alusiones, y es que también parece ser que J. K. Rowling basó varios de los nombres en algunos de los que se pueden observar en las lápidas. Me pareció muy peculiar la primera vez que vi el nombre de McGonagall o de Thomas Riddell, que a buen seguro los seguidores de la saga podrán relacionar con personajes de ella. No las he descubierto todas, pero me han dicho que si uno se da un tranquilo paseo por aquí podrá observar unas cuantas más, y es que en efecto Rowling paseaba a menudo por el cementerio en busca de inspiración. Como última anécdota con respecto a este tema puedo contar que las habitaciones del imponente Hotel Balmoral, al pie de North Bridge, pueden presumir de conocer antes que nadie el destino final de Harry Potter ya que la escritora se alojó en este lugar para terminar su saga.

Tumba de McConagall

Pero la verdad es que para llegar a la verja desde donde se puede observar la escuela hay que pasar por un arco a través de un muro en el que hay una placa colocada con el nombre de “Flodden Wall”. En 1513 sucedió uno de los más negros episodios de la historia de Escocia: la Batalla de Flodden. En esta contienda, más de 10.000 escoceses incluyendo al rey Jacobo IV fueron masacrados por las tropas inglesas, debido en gran parte a su inferioridad armamentística. Con temor a una posterior represalia e invasión por parte de los ingleses, las autoridades de Edimburgo acordaron construir una segunda muralla que se sumara a la ya existente y que se limitaba al casco antiguo. Así nació el Flodden Wall o Muralla de Flodden, cuya construcción se terminó en 1560 y que en general medía unos 7,3 metros de alto y 1,2 de ancho. Una de las partes que mejor se conservan hoy en día de esta muralla se encuentra en el cementerio Greyfriars, y se puede contemplar junto con las espectaculares vistas del Castillo que hay desde este lugar.

Muralla de Flodden en Edimburgo

Si nos dirigimos al sur del cementerio llegaremos a una de las partes que para muchos les resultará menos agradable de este lugar. Se trata de una parte del camposanto cerrada mediante una verja y con candado, y es aquí donde fueron encerrados aquellos 1200 Covenanters a los que me referí anteriormente. A pocos metros se puede distinguir perfectamente un panteón, también cerrado con llave, cuya historia tiene gran relación con el lugar del encierro de los Covenanters. La persona responsable de este encarcelamiento es George Mackenzie, un abogado que se tomó la persecución contra estos pactantes presbiterianos como un asunto personal. Durante el encierro, algunos de ellos fueron ejecutados mientras que la mayoría fueron maltratados y finalmente murieron por hambre, enfermedades o golpes. Todo esto le sirvió al abogado para ganarse el sobrenombre de Bloody Mackenzie (Sangriento Mackenzie), que aún hoy perdura. Murió en 1691 y el panteón que mencioné antes es el de su sepultura, como decía a pocos metros del lugar de descanso de aquéllos a los que persiguió y asesinó.

Estos dos lugares se encuentran entre los que los versados en la materia dicen que son los más embrujados de Reino Unido, y es que en la escala de fenómenos paranormales reciben la máxima puntuación. Para los interesados en estos temas, diré que la escala se divide en tres valores, el primero se concede si se escuchan cosas, el segundo si además se ven cosas, y el tercero y último es si además de los anteriores se sienten cosas. Como decía estos lugares reciben una puntuación de 3, y no es una cuestión banal, porque que yo sepa Edimburgo es la única ciudad de Europa en la que se puede estudiar una cátedra de Parapsicología, y es que estas cosas aquí se toman muy en serio. En absoluto es extraño encontrarse con algún habitante con una historia de fantasmas que haya vivido en primera persona que contar, y he de reconocer que incluso yo podría narrar un par de ellas, aunque no es el sitio en el que lo haré, y eso que una ocurrió en este cementerio.

El lugar denominado Prisión de los Covenanters y el Panteón de Bloody Mackenzie se encuentran cerrados con candado por una buena razón: se encuentran involucrados en lo que se ha venido a catalogar como el polstergeit mejor documentado de Reino Unido. En 1998 un mendigo contó que se encontró cara a cara con el mismísimo Mackenzie cuando entró a su panteón a pasar la noche, y es que en aquella época aún no estaba cerrado. Más inquietantes son los más de 400 testimonios de personas que han sufrido magulladuras, arañazos y desmayos mientras visitaban esta parte del cementerio cuando aún se podía hacer libremente. El Ayuntamiento la cerró debido a la gran cantidad de estos testimonios. Hoy en día se puede visitar en un tour en inglés de historias de fantasmas, pero eso sí, para entrar has de firmar un documento en el que te comprometes a hacerlo por tu cuenta y riesgo.

Entrada a la Prisión de los Covenanters en Edimburgo

Frente al panteón del Sangriento Mackenzie se encuentra otro de los métodos para disuadir a los ladrones de cadáveres, en esta ocasión supongo que más efectivo: unas rejas sobre una de las tumbas pueden ser observadas, como memoria de la gran cantidad de cuerpos que fueron robados antes de que entrara en vigor la Ley de Anatomía de 1832.

Existen algunos monumentos destacables en este lugar: el Monumento a los Mártires, que está dedicado a la memoria de los Covenanters ejecutados aquí. El panteón de Mackenzie, de estilo italiano, fue diseñado por el arquitecto James Smith. El Memorial a Duncan Ban MacIntyre, dedicado a este renombrado poeta que escribía en gaélico escocés. Y el Monumento de John Byres of Coates, una de las últimas obras del maestro real William Wallace, que no tiene nada que ver con el héroe nacional.

En cuanto a las personalidades más destacadas enterradas aquí, aparte claro está de las ya nombradas anteriormente, nos podemos encontrar con James Douglas, que fue cuarto Conde de Morton y regente de Escocia, y que falleció en 1581. También con George Buchanan, historiador y reformador, cuyo cuerpo reposa aquí desde 1582. Y por destacar una última personalidad entre tantas otras me ha parecido curioso encontrarme con el Mayor General William Farquhar, que fue la primera persona residente en Singapur. Existe un cartel bastante bien visible en el que se pueden ver la totalidad de personas con relevancia enterradas en este cementerio.

Y de esta forma termina nuestro viaje por este encantador lugar muy cercano al centro histórico de Edimburgo, y que como decía al principio encierra un buen número de historias. Si decides viajar a Escocia y hacer turismo por Edimburgo no dudes en visitarlo, ya que se encuentra muy cerca de la Royal Mile y estoy seguro de que ahora que sabes mucho más sobre él, el paseo te resultará muy agradable.

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