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Los Levantamientos Jacobitas en Escocia

Batalla del Boyne

Como prometí en mi anterior escrito, el de hoy va a tratar sobre las consecuencias que trajo la Revolución Gloriosa, el tema de ese escrito. Los Levantamientos Jacobitas fueron, a grandes rasgos, una serie de rebeliones llevadas a cabo por católicos para restituir en el trono a Jacobo II de Inglaterra y VII de Escocia, que había sido depuesto para poner en su lugar a un rey protestante. Es bastante probable que si decides viajar a Escocia escuches en diversas ocasiones la palabra jacobitas, tanto si se refiere a estos levantamientos como a las personas que pertenecían a ese movimiento católico. Es de hecho un periodo histórico muy importante y que tuvo importantes consecuencias, entre ellas culturales. Así que, asumiendo que no hayas leído el artículo anterior, hablaré un poco de los antecedentes.

Jacobo Estuardo fue rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda desde 1685 hasta 1688. Era un monarca católico, algo que la mayor parte de la población de Inglaterra (él reinaba desde Londres) no veía con buenos ojos, pero al intentar imponer su religión la situación estalló. La Revolución Gloriosa culminó con los protestantes Guillermo III y María II como reyes. La población inglesa en general podía estar contenta con esta situación, y también buena parte de la escocesa ya que, aunque la religión de Escocia no era, en su mayoría, la misma que la de Inglaterra (presbiterianismo contra anglicanismo), algo tenían en común: su fuerte odio hacia todo lo que tuviera que ver con el catolicismo.

Sin embargo había escoceses que si eran católicos. Lo habían sido desde que nacieron y lo seguirían siendo hasta que llegara el día de su muerte. Estos escoceses eran los montañeses del norte, los comúnmente conocidos como highlanders al ser los habitantes de las Highlands o Tierras Altas. Y no estaban conformes con que su rey no fuese católico, así que los enfrentamientos estaban servidos. Hubo muchas batallas en los años siguientes, que intentaré resumir de la mejor forma posible.

Pero hay que empezar por el principio, y es que los primeros movimientos contra el rey Guillermo se produjeron casi con simultaneidad en dos lugares diferentes: Escocia e Irlanda. La mayor parte de este último país era también católica, y hay que recordar que Jacobo había hecho concesiones a los irlandeses durante su reinado, así que la situación no podía ser más favorable al Estuardo. Efectivamente el Conde de Tyrconnell, Richard Talbot, había iniciado acciones para asegurar que todas las fortalezas de la isla estuviesen en poder del ejército católico recién creado por Jacobo. En diciembre de 1688 había sólo una población amurallada con guarnición protestante, Derry.

Luis XIV, el rey francés, enemigo del holandés Guillermo III, proporcionó suministros y un ejército compuesto por 6.000 hombres a Jacobo Estuardo. Éste desembarcó en Irlanda y se unió al sitio de Derry en abril de 1689. Sin embargo la flota guillermita llegó a Derry el 11 de junio, y consiguieron acabar con el asedio el 28 de julio de 1689. Además en Enniskillen, muy cerca de la anterior población, civiles protestantes compusieron un formidable ejército armado y realizaron incursiones contra las fuerzas jacobitas de Connacht y Ulster. El Vizconde de Mountcashel, Justin MacCarthy, reunió un contingente jacobita mal entrenado y marcharon contra sus enemigos. Fueron derrotados en la Batalla de Newtownbutler el 28 de julio de 1689, entre otras cosas porque muchos de los jacobitas huyeron al escuchar los primeros disparos. La consecuencia de esta derrota fue que la mayoría de las tropas católicas fueron retiradas y acantonadas en Dundalk.

El 13 de agosto de 1689 el ejército guillermita desembarcó en Irlanda para dirigirse a Dundalk. Era comandado por el Mariscal Schomberg, que acampó durante meses frente a los jacobitas sin presentar batalla. Ante la lentitud de esta iniciativa el mismo Guillermo decidió entrar en acción. El 14 de junio de 1690 llegó con 36.000 mercenarios. El 1 de julio se produjo la Batalla del Boyne, que aunque no fue decisiva (los jacobitas perdieron 1.500 hombres por 500 de los guillermitas), sí que tocó la moral de Jacobo, que perdió toda esperanza y regresó a su exilio en Francia. Su ejército se retiró a Dublín completamente desmoralizado, y al día siguiente a Limerick, siendo la primera tomada por Guillermo sin encontrar resistencia. Tras varios meses de escarceos, la segunda de esas ciudades cayó el 23 de septiembre de 1691, y con ello la causa jacobita en Irlanda.

Batalla del Boyne
Batalla del Boyne
Limerick
Limerick

Como decía anteriormente, los sucesos recién narrados se simultanearon con otro levantamiento jacobita, en esta ocasión en Escocia, y promovido por John Graham, primer Vizconde de Dundee, que se ganó la confianza de los clanes mediante el cultivo de la lealtad de cada highlander. El primer enfrentamiento importante contra los guillermitas tuvo lugar en la Batalla de Killiecrankie el 27 de julio de 1689, y constituyó una de las pocas victorias jacobitas en todos estos conflictos, pero sin embargo a un gran precio: cerca de un tercio de los highlanders perecieron, y además el propio vizconde fue asesinado.

John Graham Dundee
John Graham Dundee

El mando jacobita pasó a las manos de Alexander Cannon, que continuó las hostilidades en la Batalla de Dunkeld del 21 de agosto de 1689. Esta población no estaba amurallada, y los jacobitas superaban a sus rivales en proporción de 4 a 1, por lo que el ataque fue inicialmente muy exitoso. Pero los montañeses no estaban preparados para luchar en las estrechas calles de esa población, ya que las armas que utilizaban eran espadas y escudos o bien horcas, y tras 16 horas se retiraron dejando a unos 300 de sus hombres muertos o moribundos en la ciudad. Aunque esta batalla tampoco fue decisiva, en esta ocasión los guillermitas podían reclamar la victoria para su bando.

Los highlanders regresaron a sus hogares en las Tierras Altas de Escocia con la moral baja. Sin embargo permanecían hostiles a Guillermo, y varias expediciones dirigidas para someter a las Highlands se encontraron con diversas escaramuzas. Poco después Sir Ewen Cameron de Lochiel, jefe del clan Cameron, asumió el control sobre el remanente del ejército. Los jacobitas fueron ampliamente derrotadas en la Batalla de Cromdale del 30 de abril y 1 de mayo de 1690, que significó el final de la rebelión en Escocia.

El 17 de agosto de 1691 Guillermo III ofreció a todos los clanes el perdón por haber participado en los levantamientos jacobitas a cambio de que ellos firmaran un documento ante un magistrado jurándole lealtad, con la fecha límite del 1 de enero de 1692. Los jefes de los clanes pidieron permiso a Jacobo para firmar el documento, y su autorización llegó a mediados de diciembre, en pleno invierno escocés. Muchos consiguieron firmar el documento antes de la fecha, pero los que no lo hicieron se apresuraron a firmarlo tras el episodio de la Masacre del Glencoe, en la que Guillermo quiso advertir a los reticentes de las consecuencias de permanecer contra su autoridad. En la madrugada del 13 de febrero de 1692, treinta y ocho miembros del clan MacDonald fueron asesinados por los mismos invitados que habían aceptado su hospitalidad, y otras cuarenta mujeres y niños murieron a la intemperie después de que sus hogares fuesen quemados, por el motivo de que los MacDonald no habían actuado prontamente prometiendo lealtad a su nuevo rey.

Glencoe, Tierras Altas, Escocia
Valle de Glencoe

Nada sucedió en los siguientes años, y el antiguo Jacobo II de Inglaterra e Irlanda y VII de Escocia falleció en Francia el 16 de septiembre de 1701. Sus pretensiones fueron retomadas por su hijo, Jacobo Francisco Eduardo Estuardo, que recibió el sobrenombre de El Viejo Pretendiente. Él mismo se autoproclamó como Jacobo III de Inglaterra e Irlanda y VIII de Escocia, Corona que fue reconocida por Luis XIV de Francia, por España y por el papa Clemente XI, aunque esta autoridad obviamente no fue reconocida en Inglaterra.

En 1708 realizó su primer intento, zarpando de Dunkerque con 6.000 franceses en casi 30 barcos de la marina francesa. Sus previsiones eran desembarcar en el Estuario del Forth, junto a Edimburgo, pero la Marina Real frustró este intento. A pesar de las protestas de Jacobo el almirante francés no se arriesgó a tomar tierra y huyó. En cualquier caso fueron perseguidos y buena parte de los barcos franceses terminaron naufragando antes de volver a Dunkerque.

El fin de los Estuardo como reyes de las Islas llegó en 1714, con la muerte de Ana, hija de Jacobo VII de Escocia, y la dinastía Hannover accedió a los tronos de Inglaterra, Irlanda y Escocia por medio de su primo segundo, Jorge I. Fue el detonante para que estallara una nueva rebelión por parte de los jacobitas leales a los Estuardo, en conveniencia con el Viejo Pretendiente. En efecto, la revuelta se inició el 6 de septiembre de 1715 y poco después ya habían conseguido tomar Perth, habiéndose iniciado una sublevación a escala mayor aunque con escasos apoyos fuera de las Highlands. El mismo príncipe heredero (o rey según Francia, España y los Estados Pontificios) llegó a Escocia el 22 de diciembre e instaló su corte en Scone, pero ya era tarde. La moral jacobita estaba de nuevo por los suelos, ya que no consiguieron vencer en la Batalla de Sheriffmuir ante un ejército inferior (ambas partes reclamaron la victoria en esta batalla, aunque técnicamente las tropas gubernamentales consiguieron su objetivo: frenar el avance jacobita), y el 4 de febrero de 1716 Jacobo tuvo que huir de vuelta a Francia e instó a sus partidarios de los clanes escoceses a abandonar la lucha, lo que sucedió de inmediato.

A raíz de este levantamiento se iniciaron intentos para someter a las Tierras Altas. Se creó la Ley de Desarme, en la que se prohibía a todo highlander tener cualquier tipo de arma, y se construyeron fuertes militares para controlar a la población: Fort William (en realidad éste fue una ampliación de uno construido en 1690), Kiliwhimin (más tarde Fort Augustus) y Fort George. Aunque en general el enfoque del Gobierno fue suave para tratar de ganar los corazones y las mentes de los habitantes de las Tierras Altas de Escocia.

Fort George, Escocia
Fort George

Poco duró la paz ya que el Viejo Pretendiente seguía con sus aspiraciones de retomar la Corona de las Islas para los Estuardo. Sin embargo Francia había firmado la paz con Inglaterra en el Tratado de Utrecht de 1713, por lo que ya no apoyaba a Jacobo, que pidió ayuda a España. En efecto el rey español Felipe V se la brindó y se preparó el plan. En coordinación con los jacobitas, que iniciarían revueltas en Escocia y Gales, los españoles enviarían contingentes de 300 hombres a tierras escocesas y 7.000 al Principado, tropas que partieron de Cádiz en marzo de 1719. Las fuertes tormentas en el Atlántico impidieron avanzar al ejército más grande, llegando sólo los 300 hombres a desembarcar en las Highlands. Pronto se reunieron con los clanes e iniciaron la revuelta en abril de 1719, y aunque consiguieron resistir inicialmente en el Castillo de Eilean Donan, los jacobitas fueron de nuevo derrotados en la Batalla de Glen Shiel del 10 de junio de 1719, frustándose en esa fecha este nuevo levantamiento de forma definitiva.

Castillo de Eilean Donan, Escocia
Castillo de Eilean Donan

El 31 de diciembre de 1720 nació en Roma el siguiente protagonista de esta historia, el hijo de Jacobo Francisco Eduardo, llamado Carlos Eduardo Estuardo, que con el tiempo fue conocido como El Joven Pretendiente, para distinguirlo de su padre, y también como el Apuesto Príncipe Carlos, debido a su belleza. Desde las últimas hostilidades habían pasado ya bastantes años, y es de lógica pensar que la causa jacobita ya se creía olvidada. Sin embargo, el Joven Pretendiente quería recuperar la Corona para su padre, y tras un fallido intento en 1744 debido a una de las peores tormentas del siglo (buena parte de los 10.000 hombres ya embarcados perecieron), al año siguiente llegó quizá el levantamiento que más cerca estuvo de conseguir su objetivo.

Apuesto Principe Carlos
Apuesto Principe Carlos

En efecto, el Príncipe Carlos llegó a Escocia el 5 de septiembre de 1745. Convocó a los antiguos jacobitas en Glenfinnan y, a pesar de que la convocatoria no tuvo demasiado éxito (hay que tener en cuenta que la causa jacobita estaba de capa caída), empezó a marchar hacia el sur, hacia Edimburgo, aumentando su ejército a medida que la voz se corrió por las Tierras Altas. Edimburgo cayó en sus manos y el Estuardo infringió una derrota decisiva a los gubernamentales en la Batalla de Prestonpans del 21 de septiembre de 1745. Instaló su corte en el Palacio de Holyrood (el Castillo de Edimburgo nunca llegó a ser tomado) e intentó convencer a sus generales, esto es, los jefes de los clanes, de que una revuelta a nivel nacional era posible, con el apoyo de tropas francesas. Entró en Inglaterra con unos 5.000 hombres el 8 de noviembre y varias ciudades cayeron en sus manos, de hecho el rey Jorge II había preparado su huida de Londres hacia el sur de Inglaterra. Pero informes de que dos ejércitos comandados por el General Wade y el Duque de Cumberland se les aproximaban, unido a informes falsos de que un tercer ejército se cernía sobre ellos, además del retraso en el desembarco francés hicieron que los generales jacobitas aconsejaran al Apuesto Príncipe Carlos la retirada con el fin de reorganizarse, y ésta se produjo el 6 de diciembre.

Ewan Cameron Of Lochiel
Ewan Cameron Of Lochiel

El Duque de Cumberland le persiguió por casi toda la isla, y finalmente ambos ejércitos se enfrentaron el 16 de abril de 1746 en la Batalla de Culloden, cerca de Inverness, lugar donde los jacobitas sufrieron una derrota terrible. El conflicto duró sólo 60 minutos, durante los cuales unos 1.250 de los montañeses murieron, otros tantos yacían heridos en el campo de batalla y más de 550 hombres fueron hechos prisioneros. Los gubernamentales sólo tuvieron 52 muertos y 259 heridos. El Duque de Cumberland se ganó el apodo de “El Carnicero” ya que ordenó que todos los jacobitas heridos y prisioneros fueran ejecutados. Durante los días siguientes hubo matanzas indiscriminadas de personas simpatizantes con la causa jacobita. Durante los meses siguientes el ataque continuó en el terreno legal: se destruyó el sistema de clanes mediante el Acta de Prescripción, prohibiendo cualquier cosa que tuviera que ver con su cultura, como el kilt, el gaélico o las gaitas. Se construyeron más fortificaciones y carreteras para controlar a la población. Fue el fin de la cultura de los clanes tal y como se conocía hasta entonces.

Batalla de Culloden, Escocia
Batalla de Culloden

 

Cumberland Reynolds
Cumberland Reynolds

El Apuesto Príncipe Carlos huyó en mitad de la batalla y finalmente murió en Roma en 1788. Su padre, el Viejo Pretendiente, había fallecido en la misma ciudad en 1766. El último descendiente directo de la línea Estuardo, el Cardenal Enrique Benedicto, hermano del príncipe Carlos, murió en 1807. Con esto la dinastía Estuardo había llegado a su fin, y los Levantamientos Jacobitas habían por fin acabado, tras más de medio siglo con enfrentamientos en Inglaterra, Escocia e Irlanda. Estas revueltas tuvieron como consecuencia la emigración masiva de escoceses, conocidas como las Highlands Clearances, hacia las Tierras Bajas y hacia América.

Por su parte, la prohibición de los símbolos culturales de los clanes promulgada mediante el Acta de Prescripción llegó a su fin con la intervención del escritor escocés Sir Walter Scott, como ya conté en un artículo que escribí hace algunos meses. Precisamente este escritor ha narrado algunos episodios de estos levantamientos en alguna de sus novelas: en Waverley realiza una vívida descripción de la Batalla de Prestonpans, y en Rob Roy cuenta la vida de este otro héroe escocés que participó en el levantamiento de 1689, y que fue gravemente herido en la Batalla de Glen Shiel de 1719. Otro gran escritor escocés, Robert Louis Stevenson, vincula dos de sus novelas al levantamiento de 1745, Secuestrado y The Master of Ballantrae. Por terminar con referencias literarias, aunque hay muchas más, decir que la escritora Diana Gabaldon sitúa los acontecimientos de su saga Outlander (en español Forastera) también en estas fechas.

Y con esto doy por terminado este artículo, que junto con el anterior, han tratado de narrar los importantes acontecimientos ocurridos en las Islas Británicas a finales del siglo XVII y la primera mitad del XVIII. Como decía en La Revolución Gloriosa, se trata de hechos muy importantes y vitales para entender parte de la historia de Escocia. Espero haber sido capaz de narrarlos de una forma amena pero concisa. Y como suelo decir, si decides viajar a Escocia te recibirán con los brazos abiertos: las hostilidades narradas en estos artículos hace mucho tiempo que se quedaron atrás.

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